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En torno a la fiesta de San Cristóbal, al comienzo de las vacaciones del verano, la Iglesia celebra la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. Este año el tema elegido es un texto del capítulo 28 del Evangelio de San Mateo: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días».

Hoy quiero acordarme de los camioneros, taxistas, conductores de autobuses, de autocares, de ambulancias, bomberos, guardia civil, policía de tráfico, cofradías de san Cristóbal, asociaciones de transportistas; también de las personas que pasáis cada día una parte de vuestro tiempo al volante, y de las personas que vais al trabajo en automóvil: ¡que la paz y la bendición del Señor estén siempre con vosotros!

Esta jornada es un momento para llamar la atención de los conductores sobre la responsabilidad que tenemos al volante durante el período estival. Como nos recuerda la Exhortación “Espíritu cristiano y tráfico”, «no podemos por menos de reconocer los valores positivos que la carretera y el tráfico aportan al desarrollo de la dimensión social del hombre». Sin embargo, junto a estos beneficios, no podemos olvidar los graves sucesos que ensombrecen nuestras carreteras: «Demasiada sangre se vierte cada día en una lucha absurda con la velocidad y el tiempo… Es doloroso pensar que, en todo el mundo, innumerables vidas humanas continúan siendo sacrificadas cada año por esta inadmisible suerte».

En estos meses de verano se esperan más de 90 millones de desplazamientos por carretera. Es necesario poner en juego cuanto esté de nuestra parte en favor de la seguridad de las personas que viajan en nuestro vehículo y en el de los demás, con el fin de que la esperanza de llegar al destino no quede defraudada. No debemos acostumbrarnos a la triste realidad de los graves accidentes de tráfico. Cada víctima no es una cifra: es una persona con nombre y apellidos, padres, esposos, hijos, y deja en su entorno gran dolor. No podemos bajar la guardia.

Una sociedad abierta a la esperanza busca el bien común y, por tanto, la conducción ha de estar marcada por la protección y la defensa de las vidas que llevamos a cargo nuestro. Conducir con prudencia es una forma no sólo de cuidarnos a nosotros mismos, sino de respetar la vida del prójimo.

Por esto quiero invitar a todos los ciudadanos, peatones o conductores, a tener siempre presente un imprescindible sentido de la responsabilidad en la carretera. Y no sólo por el miedo a ser multados (porque, para incrementar la seguridad no bastan las sanciones), sino que necesitamos una acción educativa que conciencie más sobre las responsabilidades que tenemos sobre quienes viajan a nuestro lado. En beneficio propio y de los demás, todos tenemos el deber de usar la prudencia al volante y el respeto por las normas de circulación.

Queridos diocesanos: os aseguro que rezo por quienes vais a desplazaros en estos meses de vacaciones y encomiendo al Señor vuestro camino; para que el aprecio por la vida, propia y ajena, os ayude a ser responsables en la conducción y podáis llegar felizmente a vuestro destino. Dejémonos acompañar por el Señor como amigo y maestro, en nuestro camino; escuchemos su palabra, acojamos su gracia. Que por la intercesión de Nuestra Señora del Camino y de san Cristóbal bendiga los medios de transporte y proteja con su ayuda a todos los usuarios.

¡Buen viaje a todos y felices vacaciones!

+ Jesús, Obispo de Ávila

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