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Catequesis, ¿para qué?

Queridos padres y madres:

Comienza el curso, comienza la catequesis. Me pongo en la piel de los padres y madres que han caído en la cuenta de que a sus hijos “les toca” comenzar la catequesis o continuarla. En realidad, el hecho de que ahora les “toque” supone que los padres han tomado la decisión, más o menos madurada, de que sus hijos reciban un sacramento, bien la Primera Comunión, bien la Confirmación. Ven la catequesis, permítanme que lo exprese así, como “el trámite que hay que pasar” para llegar a la meta. Seguro que los párrocos y los catequistas han escuchado muchas veces de los padres: “Esto es muy largo… ¿Por qué los niños han de estar dos o tres años para preparar un Sacramento?”

Pero ¿es necesario un tiempo tan prolongado para recibir un sacramento?

En realidad, no se preparan solo para recibir un sacramento, sino para ser cristianos. Los niños que tienen la fortuna de nacer en una familia cristiana han ido recibiendo “catequesis” desde la cuna. Sus padres se han ido encargando, de una forma intuitiva y vital, de hablarles de Papá-Dios, de Jesús, de la Virgen, sobre todo en torno a las fiestas patronales, la Semana Santa, la Navidad… Les han llevado a Misa y a celebraciones de sacramentos de familiares y amigos; les han enseñado oraciones sencillas, les han hecho la señal de la Cruz; han hablado de la necesidad de ser buenos, generosos, pacientes, pacíficos; han tratado en casa de la enfermedad, de la muerte, del sacrificio… Porque eso envuelve la vida de las familias y cada una da lo que tiene.

Pero llega el momento en el que la transmisión de la fe desborda el ámbito familiar. Es necesario que la Comunidad cristiana, que recibió a ese niño cuando fue bautizado, le amplíe ahora el horizonte, le sistematice lo que los cristianos creemos, celebramos, vivimos, oramos. Que lo haga de forma íntegra, progresiva, adaptada a su edad. Como hace el colegio con respecto a la cultura y a los saberes, hace la Iglesia respecto a la fe. El objetivo de la catequesis es ayudar a la persona a hacerse cristiana: a pensar como Jesús, a valorar la vida como él, amar como él y, con él, vivir en comunión con el Padre y el Espíritu Santo. ¿Cuánto tiempo lleva hacer eso? ¡Toda la vida!

Por eso la catequesis es un tiempo suficientemente prolongado, continuado, “sin saltos” que ayude a los niños a encontrarse personalmente con el Señor, a quererle, y a incorporarse plenamente en la Comunidad cristiana.

Además, para asegurarse de que esto se hace bien, la Iglesia española ha dotado a los párrocos y a los catequistas de unos instrumentos muy valiosos, imprescindibles: son los catecismos Jesús es el Señor y Testigos del Señor. Porque los padres no llevan a sus hijos a la catequesis para que el sacerdote o los catequistas les cuenten sus historias, sus modos de ver la vida, ni las cosas que encuentran en internet y son muy bonitas, con dibujitos y colores. Sino para que los introduzcan de forma sistemática, íntegra, progresiva y adaptada a su edad en la fe de la Iglesia. Y no se puede pedir a cada catequista que haga una carrera para poder hacer esto. Se le pide que sea una persona sólida en la fe, con capacidad de entenderse con los niños, fiel a la Iglesia y que use estos valiosos instrumentos para asegurar a los padres que la transmisión de la fe, que a ellos les desborda, se está haciendo de la mejor forma posible.

Los padres tendríais que pedir a la parroquia que use los Catecismos como le pedís al colegio que use los libros de texto porque son la garantía de que la fe transmitida es la fe de la Iglesia, sin filtros, sin acomodaciones ideológicas, con verdad. Y para esto no sirve cualquier material que dice de sí mismo que “adapta los catecismos”, porque en esta adaptación necesariamente se ha impregnado de la forma de pensar de sus autores y de los intereses de las editoriales. Los Catecismos han de usarse con creatividad pedagógica, toda la que inspire el Espíritu Santo, que está siempre presente en la catequesis, pero respetando la integridad de su contenido.

Y sería magnífico que los propios padres los leyerais con vuestros hijos, los comentaseis, os hicieseis preguntas… Esto os ayudaría también para revitalizar vuestra propia fe.

Os deseo a todos un espléndido curso con la mejor catequesis para vuestros hijos.

+ Jesús, Obispo de Ávila

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