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El camino del Adviento

Queridos diocesanos:

Este domingo 3 de diciembre comenzamos el tiempo litúrgico del Adviento. ¿Qué conocemos del Adviento? Quizás no sabíais que este tiempo litúrgico tuvo sus comienzos en la Hispania y las Galias -es decir, en España y Francia- de los siglos IV y V, como ejercicio ascético de preparación para la Navidad. Se concebía como una “cuaresma de navidad”, desde el día de san Martín (11 de noviembre) hasta la vigilia de Navidad, y era también preparación catecumenal para los bautismos administrados en la Epifanía-Bautismo del Señor. El Primer Concilio de Zaragoza (año 380) señalaba: «Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente».

En las Galias, Hilario de Poitiers (siglo IV) invitó a los fieles a prepararse con tres semanas de prácticas ascéticas y penitenciales. A los que se añadía la práctica del amor al prójimo: «En preparación para la Navidad del Señor, purifiquemos nuestra conciencia de toda mancha… y los peregrinos sean acogidos, las viudas sean alimentadas y los pobres sean vestidos».

En Roma, a mediados del siglo VI, la preparación a la Navidad tiene carácter litúrgico, con los cuatro domingos y con las ferias de témporas (miércoles, viernes y sábado de la tercera semana). La duración de este período de preparación para la Navidad fue oscilando hasta que el papa Gregorio Magno dispuso para la Iglesia universal que el Adviento tuviera una extensión de cuatro semanas.

¿Qué significa el adviento? El término adventus fue tomado del lenguaje civil para indicar la llegada de alguien importante, por ejemplo: la entrada triunfal del emperador). En un principio, el término fue usado para designar la venida gloriosa y definitiva del Señor; posteriormente, este tiempo litúrgico ubicado entre la solemnidad de Cristo Rey y la Navidad nos recuerdan la venida del Señor en su doble aspecto de su encarnación y de su venida gloriosa al final de los tiempos.

La liturgia del Adviento nos ayuda a hacer memoria de nuestros padres en la fe, patriarcas y profetas; así, Isaías nos acerca al pequeño grupo de los pobres -anawím- que esperan al Mesías. La espera del Mesías es vivida hoy en la Iglesia con el mismo fervor que en la asamblea primitiva. La exclamación Maran-athá (el Señor viene) o Marana-tha (ven, Señor), revive la esperanza de los que aguardan al Mesías y reino definitivo.

El adviento también es tiempo del Espíritu Santo. Porque el verdadero precursor de Cristo es el Espíritu que inspira a los profetas, el que anuncia su encarnación, cubre con su sombra a la Virgen, guía en sueños a José; el que mueve los corazones de los pobres, los sencillos y los sabios; el que suscita la proclamación de las maravillas del Señor en la vida de los humildes y en quienes esperan el Consuelo de Israel, como María, Zacarías, Isabel, Simeón y la profetisa Ana.

Queridos diocesanos pidamos al Señor, con la valiosa intercesión de María, la Virgen del adviento, que nos conceda «esperar vigilantes la venida de Cristo para que, cuando llegue y llame a la puerta, nos encuentre velando en oración y cantando con alegría sus alabanzas».

Con afecto, os deseo un ¡feliz adviento del Señor!

+ Jesús, Obispo de Ávila

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